La aspiración política de Luister Quintero llegó oficialmente a su fin. El exconcejal de Valledupar no será candidato y, en cambio, asumirá un cargo directivo en la Agencia Nacional de Tierras (ANT), decisión que lo vincula de manera directa al proyecto político de Alexandra Pineda, con quién trabajará de forma coordinada en el escenario electoral.

La salida de Quintero no genera sorpresa en el entorno político local. Desde sus primeras apariciones, su intención de competir estuvo rodeada de incertidumbre, falta de definición estratégica y una estructura débil que nunca logró consolidarse en el territorio.
Pese a los intentos por proyectar dinamismo, su propuesta careció de base organizativa, liderazgo visible y presencia real en las comunidades, apoyándose más en expectativas externas que en un trabajo político propio. A esto se sumó la prolongada indefinición de su hermano, Carlos Felipe Quintero, factor que terminó por frenar cualquier avance serio y postergó una decisión que, para muchos, ya estaba tomada.
La lista que se estructuró alrededor de su proyecto evidenció esas falencias: nombres sin vigencia electoral, sin recorrido político reciente y con escasa capacidad de movilización. Salvo contadas excepciones, el equipo no ofrecía garantías para sostener una campaña competitiva, lo que incrementó el riesgo de fracturas y abandonos.
En ese contexto, la renuncia de Quintero confirma lo que varios sectores advertían desde el inicio: se trató de una apuesta temporal, sin solidez ni proyección a largo plazo, que difícilmente podría resistir el ritmo de una contienda real.
Actualmente, el panorama que queda en disputa se percibe limitado y frágil. Una campaña centrada casi exclusivamente en redes sociales y otra figura política que inició con intención, pero que ante la falta de respaldo estructural, parece cada vez más distante del escenario electoral, marcan un proceso que entra en una etapa de redefiniciones.




