La vía férrea de Cerrejón completa diez días bloqueada y el panorama es cada vez más crítico: el tren que transporta carbón está paralizado y, de continuar así, la mina podría detener operaciones por falta de combustible.
Aunque los trabajadores permanecen en sus puestos, la empresa ya advirtió que, sin suministro desde Puerto Bolívar, no habrá forma de mantener la producción. La consecuencia sería clara: cientos de empleados enviados a vacaciones forzadas y una región entera golpeada en su economía.

La situación no es menor. Mientras tanto, trabajadores y familias marcharon en Albania con mensajes como “No más bloqueos” y “Cerrejón es empleo y bienestar”, exigiendo el derecho a laborar sin interrupciones. Sin embargo, la tensión sigue escalando: recientemente un empleado resultó agredido en medio del conflicto, y los diálogos con las comunidades han sido insuficientes para liberar la vía.
Lo que más preocupa es el vacío institucional. El gobernador de La Guajira brilla por su ausencia, mientras la confrontación se reduce a Cerrejón contra las comunidades. En medio de ese pulso, quienes pagan las consecuencias son los trabajadores y sus familias, que ven en riesgo su estabilidad.