Colombia vive uno de los episodios más dolorosos del incio de 2026 tras el accidente aéreo ocurrido el 28 de enero en zona rural del municipio de la Playa de Belén, Norte de Santander, donde murieron las 15 personas que viajaban a bordo de la aeronave.
El avión, un Beechcraft 1900D matrícula HK-4709, operado para Satena, cubria la ruta comercial entre el Aeropuerto Camilo Daza de Cúcuta y el Aeropuerto de Ocaña. La aeronave transportaba 13 pasajeros y 2 tripulantes. No hubo sobrevivientes.


Según reportes oficiales, el avión perdió contacto con el control aéreo minutos despues del despegue. Horas despúes, residentes y autoridades lograron ubicar los restos en el sector de Curasica, en plena región del Catatumbo, una zona montañosa y de difícil acceso.
Equipos de rescate, Policía Nacional y Organismos Aeronáuticos llegaron al sitio para iniciar labores de recuperación e investigación, mientras la Aeronáutica Civil abrió el proceso para determinar las causas del siniestro, que hasta ahora siguen bajo análisis.


Entre las víctimas se encontraban figuras políticas y sociales, lo que aumentó el impacto nacional del accidente.
La tragedia ha generado una ola de duelo en todo el país. En regiones como el Catatumbo y ciudades con víctimas, el impacto emocional ha sido profundo.

Familiares relataron escenas desgarradoras durante las labores de reconocimiento.
Testimonios difundidos en redes sociales y medios locales hablan del dolor de padres y madres que llegaron al lugar del accidente buscando a sus seres queridos, en medio de escenas de llanto, desesperación y conmoción colectiva.
En la Costa Caribe y especialmente entre los vallenatos, la noticia ha causado consternación, principalmente por la presencia de víctimas con vínculos regionales, lo que ha generado mensajes de solidaridad y duelo en redes sociales.



